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Believe

Yo no soy la que corro, pero me canso Yo no soy la que hago fuerza, pero me quedo sin aire Yo no soy la que se esfuerza, pero mis músculos lo sienten. Porque cuando creo en alguien, vivo en su cuerpo Y cuando nos une la misma razón, somos uno Pero cuando saboreamos el triunfo, lo levantamos juntos. Y si conocemos la derrota, la derribamos juntos.

#OctubreRosa

POESÍA A LAS TETAS Grandes, medianas, pequeñas Negras, morochas, rosadas Caídas, planas, paradas, Melones, naranjas, limones, En el mundo de tus tetas yo me pierdo. Amor propio, amor de otros, amor de todos Las miras y te seducen Las miro y me las toco Las toco, las tocan y me toca El contrato con mis tetas yo firmo.

En un pestañeo, así se va la vida.

Todo comienza sin darse cuenta, en silencio. Como una picada de mosquito mientras uno duerme. De repente se empieza a odiar la música a todo volumen de los vecinos, a detestar el olor a marihuana que antes causaba risa. Después llega la negativa rotunda a ir a conciertos, se odia el tumulto, las filas, el frío. Y qué decir de la comida, ya se empieza a identificar qué es lo que cae pesado, qué causa estreñimiento. Los domingos ya no son para dormir hasta tarde, sino para levantarse más temprano a hacer mercado.  Hasta que un día uno se da cuenta que está vivo, pero solo para trabajar y pagar deudas. 

Un cuento que no es puro cuento.

Era un día soleado que pintaba bien, era un día en el que sabía que algo bueno iba a pasar. La primer casa se veía abandonada, decidí timbrar y salió una señora que se veía muy ocupada, estaba molesta por tener que abrir la puerta, era claro que la felicidad no reinaba en su día. Ella me preguntó despectivamente qué quería ya que estaba extremadamente ocupada. Le conté que en el barrio estaba corriendo un rumor que se aproximaba una tormenta y yo era la encargada de avisarle a todas las casas el desastre que se aproximaba. En el barrio decían que la tormenta iba a levantar mucho polvo y que todos debían estar preparados. La señora quedó preocupada mientras yo me alejaba.  En la tarde volví y la señora me recibió muy preocupada, esta vez no venía a darle malas noticias.  Le pregunté si podía entrar a su casa, ya que sentía una presencia extraña.  Ella me dejó entrar porque eso le había causado curiosidad, de pronto saqué una aspiradora de mano de mi maletín y la encen...