Es cierto que debemos crecer y madurar, pero lo que nunca debemos dejar es nuestra niñez interior, ver el mundo como lo ve un niño, no en el sentido de los comportamientos, pero si esa ingenuidad que los caracteriza.Es mentira que con los años llega la madurez, es otra realidad que no necesita pruebas, solo la vivimos y ya.Al relacionarnos con las demás personas es importante tener presente que somos muy distintos, pensamos y actuamos diferente, aunque hay muchas personas hábiles y maduras en ciertos aspectos en edades en las que uno se asombra.Todos tenemos imperfecciones y hasta limitaciones, unos mas maduros que otros, niños con mentalidad de adulto y adultos con mentalidades de niños. Todo está en conocernos, crecer y mantener nuestra esencia.
Como seres racionales, es cierto que todos tenemos responsabilidades incluso desde que nacemos, tenemos la responsabilidad de comunicarnos así sea por medio de un gesto o un lloriqueo para lograr lo que necesitamos. Vamos evolucionando y creciendo y a medida de los años se van creando responsabilidades en diferentes ámbitos; amoroso, familiar, escolar. Pero siempre hay exigencias de por medio. Están las personas que asumen sus compromiso sus responsabilidades y hasta “Se ponen las 10” para asumir las ajenas, esto se ve mucho en los temas académicos y laborales. Ahí es dónde entra “si no lo hago yo, entonces ¿quién? Otra persona se puede encargar de hacer lo que usted tenía que hacer, pero ¿qué pasa? el aprendizaje y la experiencia queda para esa persona. Si no hace las cosas en el momento adecuado, puede que después sea demasiado tarde y en estos tiempos, cada segundo vale oro. Estamos en un mundo donde la competencia laboral...
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