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Mostrando entradas de junio, 2017

Selección de tercetos.

El día me alivia La tarde me alerta La noche me angustia.
El mundo me atrae El país me secunda La ciudad me adopta.
El sol me ilumina
El calor me sofoca
La luz me guía.

El enemigo me hace fuerte Los amigos me asustan El amor me desvela.
El clima me penetra
La lluvia me arrulla El frío me aviva.

El cigarrillo me tranquiliza El alcohol me integra Las drogas me aíslan.
La ansiedad me mata El deseo me enciende La desilusión me anima.
La amistad me reconforta El amor me desarma El sexo me recarga.
La risa me da vida Una lágrima me conmueve La caída me revela.
El punto me inicia La línea me lleva La coma me pausa.
El segundo me dispersa El minuto me presiona La hora me acecha.
Mi cerebro ordena Mi cuerpo ejecuta Mi corazón acelera.
La alegría me acompaña, La tristeza me persigue,

Éramos, eres y serás.

Éramos las dos últimas personas que nos hubiéramos juntado, pero la física intervino y nos atrajo con la fuerza de dos polos opuestos. Eres lo que nunca esperé, no cuando sentía que me faltaba vivir tanto, más sin embargo te convertiste en mi presente y deseaba nuestro futuro. Serás el mejor regalo de la vida, ese que me despertó una felicidad accidental, un nuevo estado del cual no quería escapar.
No se suponía que era el tiempo para encontrarnos, pero ahí estuvimos, mirándonos a los ojos y jurándonos amor eterno, sin saber que el destino ya nos tenía fecha de vencimiento.

Viajes inesperados.

Hoy. Después de mucho tiempo decidí hacerlo, emprendí un viaje sin rumbo definido, simplemente me dirigía a cualquier lugar, ese el que todos decían que se aliviaban las cargas.
Tomé un colectivo sin fijarme en su recorrido, me senté en el puesto de siempre, solo habían 4 testigos de mi soledad, cada uno sumergido en su tiempo muerto. Cada vez que subía un testigo nuevo, inspeccionaba hasta su alma, con el anhelo de encontrar que alguno de estos me acompañara en el recorrido. Todo esto se iba cuando los veía bajar del colectivo con convicción, a un lugar fijo, seguro, en donde alguien probablemente los estaría esperando.
Cuando no quedó ni un solo testigo, tomé el valor de hacerlo, sin pensarlo toqué el timbre y con la vista perdida toque tierra. No sabía hacía donde caminaba, solo obedecía a mis piernas.